La pieza teatral de Jean-Paul Sartre más representada en los escenarios internacionales, aborda el tema candente del infierno por todos fantaseado y temido . No trata de la imaginería a la que nos tiene acostumbrados la religión cristiana: es la metáfora de la eternidad después de la muerte, donde no es el fuego ni los suplicios del cuerpo los que torturan a los individuos sino la presencia intolerable y la cosificación a la que se someten unos a otros mediante la mirada y el combate encarnizado: se trata del juego inauténtico y opaco, de la perversa puesta en escena del autoengaño y la venganza donde cada uno es el verdugo de los otros.
Sartre, filósofo de la libertad, escribió y llevó a escena "A puerta cerrada" en 1944, durante la ocupación nazi de París, en plana guerra mundial. Ese tiempo de violencia extrema, devastación física, psicológica y social fue caldo de cultivo de la desesperanza, la sinrazón, la angustia y la crisis de la falsa y doble moral de un sistema de explotación y dominación en quiebra que perdura hasta nuestros días propiciando nuevamente una sensación de horror, absurdo y nihilismo que vuelven a enrarecer la atmósfera mundial.
Al hombre y la mujer los definen sus actos, las situaciones donde comprometen su libertad, no las fantasías o los pensamientos que esconden el autoengaño y la mentira , dice Sartre el dramaturgo y filósofo de El Ser y La Nada, La Náusea, Crítica de la Razón Dialéctica.
En nuestro tiempo, la sensación de ser huéspedes en el infierno se vive todos los días, en la violencia de la pareja, en el núcleo familiar, en el entorno social y político. Se percibe que en el lado vital de la frontera con la muerte, a veces el infierno son los otros. Imperan el absurdo y la angustia y tenemos la sensación de vivir a puerta cerrada.
Esta realidad no es una metáfora: es la cruda y dura realidad de nuestra existencia en pleno siglo XXI.



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